“Va a resultarme muy difícil regresar a la vida de civil cuando vuelva a Santander“, confiesa el soldado Víctor Álvarez tras regresar de una incursión realizada en los aledaños de la ciudad ucraniana de Andeevka, recientemente caída en manos de los agresores rusos. EL ESPAÑOL | Porfolio ha quedado para charlar con él en una suite de un hotel de Kiev, Ucrania, y se presenta con tres de sus camaradas colombianos de armas.

A nuestras espaldas, enmarcando algunas de las fotos de este reportaje, hay unas vistas magníficas del monasterio de San Miguel de las Cúpulas Doradas, destruido por el Gobierno de la URSS y posteriormente reconstruido. Los latinos también quieren hablar, pero a condición de posar ante las cámaras con el rostro cubierto para garantizar la seguridad de sus familias. Con las máscaras de una cucaña tienen el aspecto de lo que no son: mercenarios o terroristas.

Tras ese primer encuentro, nos prometen empotrarnos en una de sus misiones de alto riesgo, pero la cita deberá esperar porque la clase de incursiones que realizan no se improvisan nunca. La unidad de la que forman parte es un pequeño grupo de élite “con propósito especial” enteramente compuesto por hispanos y adscrito a la Legión Internacional de Ucrania. Rinden directamente cuentas al GUR, el departamento de Inteligencia militar que dirige Cirilo Budanov. Sin la más mínima duda, los hombres con lo que este diario ha hablado son cuatro de los tipos más duros, correosos y mejor adiestrados del Ejército ucraniano.

El comandante colombiano Kratos, junto a su segundo  y su tercero, Kásper y Halcón, también colombianos.


El comandante colombiano Kratos, junto a su segundo y su tercero, Kásper y Halcón, también colombianos.

Ferran Barber

Conviven cada día con la muerte porque su trabajo es infiltrarse en la zona ocupada por los orcos, realizar sabotajes y mantener las posiciones defensivas hasta que llegan las tropas regulares. Por decirlo de otro modo, son la punta de lanza o el ariete de la infantería de Kiev. Viven permanentemente acechados por los drones de Moscú y sorteando literalmente proyectiles de la artillería rusa. Así que uno necesariamente se pregunta qué sucederá cuando el soldado Álvarez o el resto de sus compañeros regresen a sus vidas de civiles y, si se llega a dar el caso, sustituyan el frenesí guerrero de la primera línea por el tedio y las moscas de un trabajo de segurata en las piscinas de su pueblo.

“No es que vaya a volverme un peligro público, pero no me sorprendería que un amigo de allá me toque por la espalda para saludarme y yo me vuelva y le suelte un puñetazo o le derribe al suelo”, asegura Víctor. “Siempre hay efectos secundarios y los recuerdos volverán. Deberé lidiar con insomnios y pesadillas. Sé que en España echaré de menos la adrenalina. Saldremos de aquí tocados mentalmente porque estamos acostumbrados a dormir tres horas y a despertar con el bum-bum de la artillería rusa. Nos hemos habituado a dormir con el temor de que un ruso se infiltre en nuestra posición y nos corte la garganta o a salir corriendo en medio de la noche con lo primero que encuentras a mano para no ser reventado por uno de sus misiles. Nos tomará algún tiempo dejar de mirar siempre hacia el cielo para otear posibles amenazas”.

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Víctor se apellida ‘Álvárez’ porque fue adoptado por argentinos, pero nació en Ucrania y reside en Cantabria. El mes que viene cumplirá los 30 años. Se siente tanto español como italiano y colombiano, pero no olvida sus raíces eslavas. Su madre biológica fue asesinada en tiempos de la Unión Soviética y su padre se ahorcó frente a él cuando tenía 6 años. Salió a la calle y se lo encontró balanceándose de un árbol. Su familia adoptiva hispanoamericana lo sacó de un orfanato y se mudó con él primero a Italia y posteriormente a Santander, donde Víctor residía en 2022, cuando Vladímir Putin invadió el país.

“Déjenme que les diga algo”, asegura. “Yo sé lo que es estar abandonado y pasar hambre y necesidades o vivir en la calle así que, sinceramente, se me rompió el corazón cuando vi que muchos padres ucranianos tuvieron que dejar a sus familias para defender a su país. Es algo que me trajo la memoria del pasado y que me alentó a unirme a un cuerpo de voluntarios”.

El médico de combate hispano-italiano Víctor Álvarez reside en Cantabria.


El médico de combate hispano-italiano Víctor Álvarez reside en Cantabria.

En su primera unidad se ocupaba de defender posiciones defensivas y trincheras o a proporcionar las coordenadas de los tanques y la artillería rusa. Cuando adquirió experiencia militar, se enroló como médico de combate en la unidad de fuerzas especiales. Son los que recuperan pueblos y posiciones defensivas y se introducen, día y noche, en la boca del lobo ruso. Junto a los tres camaradas colombianos, tomó parte en la reconquista de la Isla de las Serpientes, en acciones militares llevadas a cabo en el Mar Negro y en casi todos los grandes frentes que ha habido hasta la fecha en esta guerra.

“Mi función específica es la de paramédico, pero un médico de combate aquí debe saber de todo”, apunta. “Tengo que saber a manejar un rifle de francotirador, una ametralladora o un lanzagranadas porque si cae uno de los nuestros, y Dios no lo quiera, debería reemplazarle. En la unidad en la que estoy ahora no hemos perdido hasta la fecha a ningún hombre, pero he estado a punto de morir dieciocho veces, y no exagero. Ser martilleado por la artillería rusa, ver a un dron soltarte una granada o escuchar cómo una bala te pasa por encima causa un terror tremendo”.

La unidad de hispanos, durante una operación de infiltración y recuperación de posiciones defensivas.


La unidad de hispanos, durante una operación de infiltración y recuperación de posiciones defensivas.

Álvarez ha visto con sus propios ojos cómo los altos oficiales rusos sacrifican a sus soldados para debilitar al enemigo y no está dispuesto a que le atrapen. “Hacen exactamente lo mismo que los vietnamitas”, nos explica. “Primero, mandan un batallón para averiguar dónde tenemos la artillería más pesada. Después mandan una segunda oleada de carne de cañón para aclarar y debilitar las líneas ucranianas. Finalmente, en la tercera, mandan los tanques y las tropas ’10’“.

“Usan también contra nosotros la estrategia de la tenaza. Tratan de llamar nuestra atención con un ataque frontal mientras nos cierran por los flancos y, a menudo, las cosas se ponen muy peligrosas para nosotros. Para ellos somos sólo mercenarios, algo peor que escoria. Caer en sus manos es morir lentamente. A veces te ejecutan en el campo de batalla aunque te rindas. Tenemos órdenes de guardar una o dos balas o una granada para nosotros y reventarnos cuando llegan para que no nos cojan vivos. Si las circunstancias nos impiden huir, la idea es tomar una pistola y pegarnos un tiro. Siempre será mejor que ser capturados y sufrir una muerte lenta”.

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En general, la afluencia de voluntarios españoles se ha reducido de forma notoria a medida que avanzaba el conflicto. Lo que se ha incrementado significativamente es la llegada de hispanoamericanos, especialmente colombianos, a los que la prensa rusa y algunos medios occidentales como Euronews acusaban de forma ridícula de concurrir al frente como mercenarios.

Al hombre que está el frente de la unidad en la que sirve Álvarez le molesta que los propios europeos y la prensa de su país le hagan el juego al Kremlin extendiendo esos rumores. Esa es la principal razón de que el comandante Kratos (nombre de guerra), de 39 años, se haya decidido por primera vez a hablar ante periodistas europeos, en compañía de su segundo y su tercero, colombianos ambos.

El hispanoitaliano Víctor Álvarez sirve como médico de combate en una de las unidades ucranianas más peligrosas del frente realizando incursiones en territorio ruso.


El hispanoitaliano Víctor Álvarez sirve como médico de combate en una de las unidades ucranianas más peligrosas del frente realizando incursiones en territorio ruso.

Ferran Barber

“Yo vine a Ucrania hace dos años a luchar contra la tiranía y el terrorismo“, asegura Kratos. “Ni siquiera sabía que se pagaban sueldos o se hacían contratos. Antes de eso, había estado siete años en una unidad de choque de las fuerzas especiales del ejército de Colombia y sirviendo en una compañía de un ejército extranjero. Me uní primero a la Legión Internacional para la Defensa Territorial de Ucrania y, posteriormente, a un cuerpo de élite. Aquí estoy, con mi segundo y mi tercero”.

Kratos también desmiente que los latinoamericanos estén siendo utilizados por el gobierno de Volodímir Zelenski como carne de cañón en los campos de batalla. Sí es cierto, sin embargo, que muchos de los ucranianos que combatieron al principio han sido abatidos por los rusos y Ucrania tiene muchos problemas para reclutar a hombres bien adiestrados con la moral de esos patriotas.

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Es ahí justamente donde hispanos llegados de países como Argentina, México, Colombia, Brasil o Chile están jugando ahora un papel relevante. Suelen agruparse en compañías exclusivamente hispanohablantes, no sólo en las filas de la Legión, sino en otros cuerpos de voluntarios como Carpathian Sich o entre las fuerzas regulares de infantería. Los mismos rusos que se refieren a ellos como soldados de fortuna están empleando a iberoamericanos en La Hispaniola o Redut, heredera de Wagner y directamente dependiente del Ministerio de Defensa. En la primera de esas compañías ha servido este año un turolense.

“Los latinos están desempeñando sobre todo un rol fundamental en el sostenimiento de las posiciones”, asegura Kratos. “Pero lo que nosotros concretamente hacemos son misiones de reconocimiento y asalto. Debido a la complejidad de la guerra, es algo complicado que requiere sangre, sudor y, en ocasiones, lágrimas. Lo que hacemos es mantener esas defensas con gallardía y con coraje, soportando la artillería enemiga y las inclemencias del clima. Este papel de los latinos se ha hecho especialmente importante durante los últimos meses debido a la llegada de gran cantidad de hombres”.

Unidad de voluntarios colombianos tras una operación en el Mar Negro.


Unidad de voluntarios colombianos tras una operación en el Mar Negro.

“Desafortunadamente, hay muchos compatriotas cuya principal motivación ha sido el dinero, pero aún así, no somos mercenarios, sino soldados de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Vinimos con la fuerte convicción de que debíamos combatir por la libertad”, continúa el comandante Kratos.

“Tampoco es verdad que el Gobierno de Ucrania ha ido a buscar hombres a Colombia. Simplemente, ha habido una oleada de hispanos que viene de forma voluntaria por motivos diferentes y Kiev debe emplearlos. Algunos, como nosotros, van a las operaciones de asalto y otros, al sostenimiento o el abastecimiento de las líneas de trincheras. Todos pasamos por un periodo de verificación y de adiestramiento antes de ir a un operativo. No tenemos un salario estable. Cobramos un mínimo de mil dólares al mes si no se opera en escenarios de riesgo y este llega hasta los tres mil cuando se nos despliega en la primera línea”. Los voluntarios y sus familias cobran también indemnizaciones si caen heridos o muertos.

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“¿Es cierto que entre los colombianos abundan los exmiembros de las FARC?“, le preguntamos al soldado. “Justamente al contrario”, responde. “Si los hay, están peleando con los rusos. Yo no he conocido ninguno aquí, de modo que podemos ver claramente quién está del lado correcto. No creo que ninguno de nosotros vaya a crear después problemas en Europa al regresar a la vida civil. A diferencia de los voluntarios europeos, tuvimos que pasar por los controles de varios aeropuertos para volar a Kiev”.

“Si alguno tenía condenas pendientes, órdenes de captura o antecedentes penales se hubiera detectado, a no ser que hubieran presentado documentos falsos, lo cual sería fácil de descubrir con los medios que hoy existen. Pero es que incluso los que vienen sólo por dinero tienen un objetivo claro: completar su periodo de servicio y regresar a Colombia. Hemos estado siempre del lado de la ley, ¿por qué ibamos a pasar ahora al lado oscuro y generar un problema de seguridad en Europa?”.

El comandante colombiano Kratos cubre su rostro para garantizar la seguridad de su familia.


El comandante colombiano Kratos cubre su rostro para garantizar la seguridad de su familia.

Ferran Barber

Lo que Kratos no descarta es que los rusos se sirvan en el futuro de los colombianos que combaten con ellos como peones de su guerra sucia en Europa. Pero para eso deberían sobrevivir y lo cierto es que están siendo utilizados por el Kremlin como carne de cañón”, sostiene. “Son los que forman parte siempre de las primeras oleadas de ataque. Los mandan contra nosotros a morir para agotar las existencias de munición de nuestras posiciones defensivas. No sólo a ellos, sino a muchos inmigrantes. Se les han unido también muchos cubanos”.

Los subcomandantes de Kratos son conocidos como Halcón y Kásper, de 25 y 30 años, respectivamente. Ambos suscriben a pies juntillas sus palabras y ambos sirvieron igualmente antes en las fuerzas armadas de Colombia. “Soy soldado por vocación y he venido aquí a ayudar”, asegura Kásper. “No somos mercenarios ni terroristas. Si nos cubrimos la cabeza es para proteger a nuestras familias de posibles amenazas, especialmente de los prorrusos de nuestro país de izquierda”.

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“También yo vine aquí porque amo este trabajo”, apostilla Halcón. “Los internacionales iberoamericanos somos fundamentales ahora porque podemos contribuir con nuestra experiencia. El ejército ucraniano está desabastecido de armamento y entre sus filas se nota su cansancio y el estrés. La edad media de los nacionales ronda los cuarenta o los cincuenta y nosotros llegamos aquí más frescos”.

By wbu4c

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