Pasada la misa de 6, varias familias hacen cola para saludar a don Ángel. “¿Cómo va todo? Pero bueno, y este niño, ¡cuánto ha crecido en estos meses!”. El tiempo no acompaña, como en toda la Semana Santa, aunque eso no impide que unos cuantos fieles suban cada día al santuario para rezar a la Virgen y saludar a su párroco de confianza. Ángel Lasheras llegó a Torreciudad como máxima autoridad religiosa en 2021, pero desde el pasado verano convive con otro rector, nombrado por la diócesis de Barbastro-Monzón, en la primera vez que un sacerdote del Opus Dei no comanda este centro de peregrinación ubicado entre las montañas del Alto Aragón. “No ha cambiado nada, la colaboración es buena, pero esperemos que la situación se resuelva pronto”, suspira don Ángel.

Para los fieles, sin embargo, él sigue siendo la persona de referencia. Y para sus colegas del Opus, lo mismo. “En septiembre llegó el nuevo rector, que suele acudir a celebrar misa una vez por semana. Aunque ese nombramiento fue inmediatamente recurrido, le recibimos muy bien pues es un sacerdote muy conocido por aquí. Don Ángel sigue siendo quien se encarga del día a día del trabajo espiritual, como ocurre en cualquier iglesia”, señala Claudio Urbano, otro cura del Opus llegado desde Pamplona para ayudar en los ritos de Semana Santa. El aludido, mientras tanto, saluda a los feligreses entre los pórticos del templo.

La enorme explanada del complejo recuerda a la de otros lugares de peregrinación internacionales. Su construcción, como suele ocurrir en estos casos, surge de una mezcla entre los sueños megalómanos de sus fundadores y la inspiración divina. Cuenta el relato popular que Josémaría Escrivá de Balaguer, nacido en 1902 en Barbastro, a escasos 20 kilómetros de aquí, estaba a punto de morir cuando apenas había cumplido dos años. Sufría de alferecía, una enfermedad que produce convulsiones y suele afectar a los niños, por la que los médicos no le daban muchos meses de vida. 

Imagen del santuario durante los primeros días de Semana Santa


Imagen del santuario durante los primeros días de Semana Santa

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Su madre se encomendó a la Señora de los Ángeles de Torreciudad, una virgen negra del siglo XI que descansaba en una ermita en ruinas con vistas desde lo alto al Embalse del Grado. El niño se recuperó, se hizo sacerdote, fundó el Opus Dei y en plena expansión de la Obra -como se conoce también al Opus- se propuso construir un santuario de devoción mariana en el mismo lugar al que acudió su familia para orar por su vida. En 1962 comenzaron las obras y el 7 de julio de 1975, unos meses antes de que muriera Franco, se abrió al público con todos los honores. 

El Opus pactó entonces con la diócesis de Barbastro-Monzón, la autoridad eclesiástica competente en el territorio, la cesión a perpetuidad de la ermita -que fue rehabilitada- y de la imagen de la Virgen, trasladada al nuevo templo de inspiración modernista. Se firmó un contrato llamado enfitéutico, que establece la cesión de un dominio a cambio de un canon, con un valor puramente simbólico. El precio que actualmente paga el Opus a la diócesis es de 19,32 euros

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El Derecho Canónico no contemplaba entonces la figura de los santuarios, como lo son Lourdes o Fátima, de modo que Torreciudad quedó constituido como un “oratorio semipúblico”. Así, en 2020 el Opus acudió al obispado de Barbastro para actualizar su situación jurídica y poder equipararse a otros importantes centros de peregrinación. Pero lo que recibió por parte de la autoridad eclesiástica del territorio fue un frenazo a sus aspiraciones. Torreciudad había crecido mucho desde 1975 y el obispo Javier Pérez Pueyo consideró el contrato nulo, pidió devolver la talla a la emita y devolver el control de varias dependencias anexas del complejo a la diócesis. 

El obispo de Barbastro, Javier Pérez Pueyo (centro), junto a varias autoridades religiosas el pasado septiembre en Torreciudad


El obispo de Barbastro, Javier Pérez Pueyo (centro), junto a varias autoridades religiosas el pasado septiembre en Torreciudad

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Dinero y poder

Comenzó aquí una disputa que se recrudeció el pasado verano con la designación unilateral por parte de la diócesis del sacerdote José Mairal como nuevo rector de Torreciudad. El Opus se opuso al nombramiento y, tras ser desoído por las autoridades eclesiásticas españolas, presentó un recurso ante la Santa Sede del que tampoco ha obtenido respuesta. Las partes enfrentadas se han retado a acudir a los tribunales civiles y en diciembre del año pasado se citaron en un acto de conciliación para intentar alcanzar un acuerdo. 

“En la Iglesia tratamos de que las diferentes familias convivan en armonía. Y cuando surgen pequeñas discrepancias intentamos arreglarlo en casa. Que cosas como estas puedan subir el tono del diálogo altera el sentimiento de espiritualidad que tenemos en un lugar como Torreciudad”, opina el sacerdote Claudio Urbano. Desde que se desató el conflicto se han celebrado más de una decena de reuniones y la aspiración de las partes, señalan ambos a EL ESPAÑOL, es llegar a un punto de entendimiento. 

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Por un lado está la cuestión económica. La diócesis trata de actualizar ese contrato enfitéutico por el que el Opus disfruta de un espacio con capacidad para acoger a cerca de 15.000 personas a un precio de 19,32 euros al año. Ninguna de las partes quiere hablar de cifras, aunque algunas fuentes señalan que la cantidad reclamada podría rondar los 600.000 euros. El Opus defiende que “la aportación que la diócesis planteó en su día se considera desproporcionada”, aunque desde la Prelatura reconocen a este diario que “siempre han manifestado su disposición a ayudar a sostener, de un modo proporcionado, las necesidades de la diócesis”.

Se trata de acordar una cantidad que satisfaga los apuros económicos de una diócesis como la de Barbastro, con escasos recursos y que en los últimos años ha tenido que acudir a aspirantes a sacerdotes latinoamericanos para ocupar sus seminarios, al tiempo que no suponga un agujero en las cuentas del Opus. Según esta organización, Torreciudad tiene un coste de 1,2 millones de euros al año, que se cubre fundamentalmente con la aportación de fundaciones y donativos de particulares y otras entidades. Desde la Prelatura remarcan que el santuario es “deficitario”, aunque logran obtener idéntica financiación de 1,2 millones.

Retablo de Joan Mayné, con una imagen de Escrivá de Balaguer a la izquierda y la Virgen en el centro


Retablo de Joan Mayné, con una imagen de Escrivá de Balaguer a la izquierda y la Virgen en el centro

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La reforma papal

Pero el dinero no lo es todo. Tras la disputa por cuadrar balances, existe otra batalla por el control pastoral. O, dicho de otro modo, por ejercer la autoridad en Torreciudad. Aquí la historia se vuelve más enrevesada. En caso de llegar a un acuerdo para que el templo se rija según las normas de los santuarios diocesanos, la autoridad competente para nombrar un rector sería el obispo de Barbastro. Así lo reconoce también el Opus, que insiste en que retirará su recurso ante la Santa Sede si cambia la situación jurídica del templo. Las discrepancias surgen porque el obispo ya ha nombrado otro rector sin haber acordado antes el reconocimiento de Torreciudad como santuario. 

Conociendo el funcionamiento de la jerarquía eclesiástica, resultaría casi impensable que una decisión así se tomara sin el consentimiento de la Conferencia Episcopal Española y el Vaticano, que no se han pronunciado públicamente, pero que en la práctica respaldan al obispo Javier Pérez Pueyo.

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Fuentes eclesiásticas sugieren que el responsable de la diócesis de Barbastro se pudo haber visto legitimado para imponer su autoridad por las últimas decisiones del papa Francisco que reducen el poder del Opus Dei y a la circunstancia de que el actual prelado del Opus, monseñor Fernando Ocáriz, no es obispo como sí lo fueron sus predecesores. “Desde el punto de vista de la jerarquía, para un obispo el único igual ante él es otro obispo“, subrayan estas fuentes. 

El pasado agosto, mientras se agudizaba el conflicto de Torreciudad, Francisco aprobó un motu proprio -decreto vaticano- por el que las prelaturas personales dejaban de tener un estatus especial para ser tratadas como otras asociaciones clericales públicas. El Papa no mencionaba al Opus en su texto, pero el decreto estaba dirigido exclusivamente a esta institución, pues no había otra prelatura personal en el seno de la Iglesia. Eso se traducía en que su poder no quedaba circunscrito a un territorio, como pasa con las diócesis, y no obedecía a la autoridad de otro obispo. 

El obispo preside un encuentro con familias ante la explanada del santuario


El obispo preside un encuentro con familias ante la explanada del santuario

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Entre otras cosas porque desde Josemaría Escrivá de Balaguer hasta ahora todos los prelados del Opus habían sido nombrados obispos, el rango más alto de la jerarquía eclesiástica tras los cardenales y el Papa. Otra circunstancia que también cambió con otro motu proprio de 2022, que dictaminaba que el líder de esta institución no podría ostentar dicho cargo en el clero, además de obligar a la Prelatura a presentar informes anuales sobre su situación y a depender del Dicasterio -el equivalente a un ministerio en la estructura vaticana- del Clero y no del Dicasterio de los Obispos, como hasta ese momento. 

Desde el Opus insisten en que todos estos cambios no han afectado a su funcionamiento y que “en ningún caso” guardan relación con el asunto de Torreciudad. Pero lo cierto es que la Obra, de marcado carácter conservador, fue el brazo predilecto de la Iglesia para Juan Pablo II. Benedicto XVI decidió no tocar nada, mientras que Francisco ha sido el primero en afrontar su reestructuración. 

Vista aérea de Torreciudad


Vista aérea de Torreciudad

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Aunque las relaciones entre los jesuitas -orden a la que pertenece el Papa argentino- y el Opus nunca fueron las mejores, la Obra guarda absoluto respeto a la autoridad papal. La reforma de Francisco en este sentido pasa por equiparar una situación de excepcionalidad como prelatura personal al resto de instituciones eclesiásticas.

Un templo nuevo

“Lo que ocurre con la Obra es que es una institución muy joven dentro de la Iglesia y tendrá que pasar tiempo para que se ajuste al resto de realidades católicas”, indica un visitante de Torreciudad. Aunque esos tiempos en la Iglesia más que por años se suelen medir por siglos. El hombre, “creyente”, ha venido al santuario desde Andalucía junto a su hija, que lleva viviendo en Barbastro desde hace cuatro meses. “Cuando he dicho en el trabajo que venía a Torreciudad, la gente se ha quedado en silencio. Por mi experiencia aquí, creo que es un sitio del que algunos se sienten muy orgullosos, pero que otros miran con recelo“, cuenta ella. 

Desde la planicie de la carretera, a unos 10 kilómetros de distancia, el santuario se ve a lo lejos junto a la gran presa de El Grado. Su presencia, coronada por una enorme torre de ladrillo, destaca como esas antiguas fortalezas medievales a las que llegaban los peregrinos en busca de refugio. Como la Obra, Torreciudad es un complejo nuevo, limpio, reluciente, casi a estrenar. Nada que ver con la vieja torre de vigilancia de época árabe, la turris civitatis, cuyos restos aún están en pie y junto a la que se construyó la antigua ermita.

Panorámica de la ermita (izquierda), la antigua torre árabe y el nuevo santuario, a la derecha


Panorámica de la ermita (izquierda), la antigua torre árabe y el nuevo santuario, a la derecha

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Hoy por Torreciudad pasan unos 190.000 visitantes anuales. Se calcula que cerca del 40% son meros turistas que vienen a curiosear y a admirar las vistas del río Cinca y del Pirineo Central con Monte Perdido a lo lejos, cuando amanece un día claro. Ni hoy ni probablemente el resto de la Semana Santa sea el momento más propicio. El caso es que en estas fiestas se espera a unas 15.000 personas, que junto a las celebraciones de la Virgen de Torreciudad, en agosto, y de la Jornada Mariana de la Familia, en septiembre, representan la mayor parte de la afluencia de todo el año. 

En estas festividades, claro, son mayoría ese 60% restante de fieles, que durante otras épocas del año acuden aquí como una etapa más de la ruta mariana, compuesta por la Basílica del Pilar (Zaragoza), Torreciudad, Lourdes (sur de Francia), Meritxel (Andorra) y Montserrat (Barcelona).

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“Esto es la joya de la corona para la Iglesia local, porque además tiene un atractivo turístico para la gente que viene a los Pirineos, a hacer una cata en las bodegas de la zona o a pasar unos días en algún alojamiento rural”, apuntan desde Torreciudad. Grupos religiosos que buscan un lugar para realizar un retiro espiritual, también tienen aquí varias casas destinadas a tal fin. 

Las excursiones de colegios religiosos -del Opus en su mayoría- suponen otra parte significativa del número total de visitantes. Aunque en la puerta de acceso al recinto, donde no se cobra entrada, lucen fotos de lo más dispar, como concentraciones ciclistas, moteras o un grupo de fieles ucranianos que llegaron el año pasado para pedirle a la Virgen que cesara la guerra. 

Fieles ucranianos acuden a rezar a la Virgen


Fieles ucranianos acuden a rezar a la Virgen

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El megacomplejo de una institución invisible

Algunos de estos grupos dejan recuerdos de otros lugares, que después se exponen en un museo de vírgenes del mundo. También se puede reservar -a un precio de 8 euros– un recorrido interactivo llamado “Vive la experiencia de la fe” y se invita a contemplar de forma gratuita una moderna proyección en vídeo sobre el imponente retablo esculpido en alabastro por el escultor Joan Mayné, sobre el que descansa la imagen en madera de la Virgen. 

Podría decirse que Torreciudad es lo más parecido a un parque temático para una institución como el Opus, cuyo modelo no ha sido tanto levantar grandes símbolos visibles como expandirse de forma orgánica por el mundo. Actualmente, cuenta con unos 93.000 miembros -la mayoría laicos-, repartidos por 60 países. El sacerdote Claudio Urbano, sin embargo, rechaza esta visión de Torreciudad, a la que califica como “una locura de san Josemaría [Escrivá de Balaguer] para expandir la fe y el culto a la Virgen”.

Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad en 2023


Jornada Mariana de la Familia en Torreciudad en 2023

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Procesión con la talla de la Virgen el año pasado


Procesión con la talla de la Virgen el año pasado

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El santuario cuenta con unos 30 trabajadores fijos todo el año, entre operarios, asistentes o administrativos. Y de ellos, cuatro son sacerdotes del Opus Dei. Sin embargo, en estos días, el trajín de sotanas es constante. Simón, un seminarista nacido en Tanzania, ha venido “a echar una mano” desde un centro del Opus en el País Vasco. “Para nosotros todos esos líos de los que hablan no se han notado, venimos a atender a los fieles y la actividad pastoral sigue siendo la misma”, afirma desde la sacristía. 

Es lo mismo que mantiene don Ángel, el sacerdote que sostiene a diario el ejercicio espiritual del santuario. Para las opiniones relativas a las negociaciones remiten a la oficina central de la Prelatura en Madrid, desde donde centralizan el flujo de información. Tras varios meses de silencio, a principios de marzo emitieron un extenso documento de preguntas y respuestas donde detallaban su versión de los hechos. La diócesis de Barbastro también remite a sus comunicados para informar sobre un conflicto que se prolonga durante meses y del que pocos quieren hablar desde lo alto de esta montaña.

Aquí ideó Escrivá de Balaguer su proyecto arquitectónico más ambicioso. El mismo que ha servido para evidenciar en público el choque entre su organización, que vive momentos convulsos, y la alta jerarquía eclesiástica.

By wbu4c

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